Cuando yo era un niño, me encantaban los bichos, me fascinaban. Levantaba piedras, los perseguía, contaba cuantas patas tenían, los metía en tarros y les daba de comer. Incluso llegaba a recrear su hábitat natural en pequeños terrarios.
Tanto es así, que una de las anécdotas que más suele contar mi madre es que yo, desde muy pequeño, cuando tenía 8 años, me ponía a leer libros de zoología y me aprendía los nombres científicos, su fisionomía y su clasificación.
Tenía claro a qué carrera iba a ir: me iba a meter en biología. (Espera, esto no tiene enlace, pero si hubiera uno se vería así).
¿Qué pasó? El primer día de carrera fue un completo error. El profesor nos dijo: “Si ustedes piensan qué van a vivir de esto, van mal. Ninguno de la plantilla se va a jubilar y la única salida que tiene esta carrera es trabajar en la universidad.”
En ese momento pensé: ¿y ahora qué diablos hago con mi vida? ¿Persigo mi pasión a riesgo de acabar bajo un puente? Como lo segundo que más me gustaba era el dinero, fui a por el plan B.
Me matriculé en ADE y terminé con matrícula de honor. Decidí emprender como consultor de innovación. Imprimí tarjetas y salí a vender puerta a puerta, pero los ataques de ansiedad y la timidez me paralizaron. Vender aquello me parecía imposible.
Dejé el proyecto en stand-by y trabajé como asesor en el Gobierno de Canarias para forzarme a mejorar de cara al público. Pero en paralelo, buscaba cómo hacer que la gente viniera a mí sin tener que dar tarjetas.
Así me topé con el SEO.
Eran tiempos sin IA ni fragmentos destacados. Aprendí sobre algoritmos, linkbuilding y schema. Cuando logré posicionar mi propia web, me di cuenta del poder que tenía: si podía hacerlo para mí, podía lograr que otros negocios hicieran lo mismo.
Empecé a colaborar con clientes variados:
- Empresas de marketing que querían auditorías avanzadas.
- Tiendas online con tráfico masivo penalizadas por Google.
- Youtubers del sector agrícola (combinando mi pasión por los bichos).
- Empresas hackeadas o saboteadas por competidores.
Durante este proceso, no solo mejoré la calidad de mis servicios huyendo del modelo de "agencia que despacha rápido", sino que seguí nutriéndome. Conocí a Koray Tugberk GÜBÜR, un genio del SEO semántico que trabaja con empresas Fortune 500.
Me obsesioné con el SEO semántico igual que con los bichos de pequeño. Descifrar patentes, leer filtraciones, entender cómo clasifica Google la información.
Hoy, Fat Rank me considera uno de los mejores consultores de SEO semántico y técnico del mundo, siendo coautor del libro “Technical SEO: Are you even an SEO if you don’t check server logs?” junto a referentes internacionales.